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Cada uno presenta un perfil nutricional diferente y puede tener cabida en una dieta saludable.
Lo que merece mayor atención suele ser cómo están preparados y cuánto comemos.
Cacahuetes: no hay que tenerles miedo
Botánicamente, el cacahuete pertenece a la familia de las legumbres, pero nutricionalmente comparte muchas características con los frutos secos.
Aporta proteínas, grasas insaturadas, niacina y otros nutrientes.
También es importante matizar dos ideas frecuentes en internet: consumir alimentos con omega-6 en cantidades normales no significa automáticamente que produzcan inflamación, y no es correcto asumir que la mayoría de los cacahuetes comercializados están peligrosamente contaminados con aflatoxinas.
Los controles de seguridad alimentaria buscan limitar precisamente este tipo de contaminantes.
Una opción sencilla es escoger cacahuetes naturales o tostados, sin exceso de sal ni azúcar.
Anacardos: perfectamente compatibles con una dieta equilibrada
Los anacardos contienen algo más de carbohidratos que algunos otros frutos secos, pero esto no significa que provoquen inevitablemente picos peligrosos de glucosa.
También aportan grasas insaturadas, proteínas, cobre, magnesio y otros minerales.
Una pequeña porción puede encajar perfectamente en una dieta saludable, incluso cuando se intenta controlar el peso.