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¿Por qué antes de dormir? Porque la circulación se vuelve más lenta durante la noche. Al acostarte, la gravedad ya no ayuda a bombear la sangre de regreso desde las piernas hacia el corazón. Al consumir las nueces media hora antes de acostarte, la arginina y el magnesio alcanzan su pico en sangre justo cuando tu cuerpo más lo necesita: durante las primeras horas de sueño, cuando ocurre la reparación celular y cuando la sangre tiende a estancarse en las extremidades.
Además, las nueces contienen melatonina natural, la hormona del sueño. Esto significa que no solo mejorarás la circulación, sino que también conciliarás el sueño más rápido y dormirás más profundo. Una circulación mejorada durante el sueño profundo es una combinación ganadora.
¿Cómo comerlas? Simples. Un puñado de nueces solas, sin sal, sin azúcar, sin tostar si es posible. Masticalas bien. Si se te hace difícil por los dientes, podés remojarlas durante la noche anterior (en agua) para que se ablanden, o molerlas y espolvorearlas sobre un yogur natural.
Don Samuel, 69 años, tenía las piernas frías todas las noches, incluso con calcetines de lana. Los calambres lo despertaban al menos dos veces. Empezó a comer un puñado de nueces antes de acostarse. La primera semana los calambres pasaron de dos a uno. Al mes, desaparecieron. Y sus pies, por primera vez en años, se sentían tibios en la cama. “No puedo creer que algo tan simple funcione”, dice.
Advertencia: las nueces tienen calorías. Si estás controlando tu peso, ajustá otras comidas del día. Pero no te saltees las nueces. La circulación mejora o empeora según lo que comes. Un puñado antes de dormir puede ser la diferencia entre una noche de piernas inquietas y un sueño reparador. Tus piernas te lo van a agradecer.