Ingredientes necesarios:
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1 trozo de jengibre fresco (aproximadamente de 2 a 3 centímetros).
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1 taza grande de agua purificada (250 ml).
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El jugo recién exprimido de ½ limón.
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1 cucharadita de miel pura de abeja (opcional, para suavizar el picor).
Preparación paso a paso:
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Lava muy bien el trozo de jengibre fresco. Puedes pelarlo raspando la cáscara suavemente con el borde de una cuchara.
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Corta el jengibre en rodajas muy finas o, si prefieres un té más potente, rállalo.
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Vierte la taza de agua en un pocillo y llévala al fuego.
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Como el jengibre es una raíz dura (no una hoja), necesita hervir para liberar sus propiedades. Agrega el jengibre al agua y deja hervir suavemente (decocción) a fuego lento durante unos 10 minutos.
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Apaga el fuego, tapa el recipiente y deja reposar la infusión por otros 5 minutos.
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Pasa el líquido por un colador para retirar los restos de la raíz y sírvelo en tu taza.
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Agrega el jugo de limón y la miel justo antes de beberlo para no destruir la vitamina C con el calor extremo.
Modo de consumo y rutina: Para aprovechar su efecto antiinflamatorio y protector, puedes beber de 1 a 2 tazas de este té al día. Es una bebida excelente para tomar a media mañana o justo después de una comida muy pesada, ya que el jengibre es mundialmente conocido por acelerar el vaciado gástrico, aliviar las náuseas y eliminar los gases atrapados en el intestino.
Precauciones Importantes: El jengibre tiene propiedades vasodilatadoras y afina ligeramente la sangre. Por lo tanto, si estás bajo tratamiento con medicamentos anticoagulantes o tienes programada una cirugía próximamente, debes consultar a tu médico antes de consumir jengibre en dosis concentradas. Asimismo, aunque es excelente para la digestión, si padeces de reflujo gástrico severo, acidez crónica o úlceras estomacales activas, el picor natural de esta raíz podría causarte irritación si la consumes en completo ayunas. Las mujeres embarazadas deben moderar su consumo y consultarlo con su obstetra.