El ginkgo tiene algo único: actúa sobre los dos extremos del sistema circulatorio. Lleva sangre al cerebro cuando llega poca y alivia la presión sobre el corazón cuando bombea con esfuerzo. Pocas plantas hacen ambas cosas.
¿Cómo se toma? Generalmente en extracto estandarizado (24% de flavonoides y 6% de terpenolactonas). La dosis típica es de 120 a 240 mg al día, dividida en dos o tres tomas. Las hojas secas en infusión también sirven, pero son menos potentes. Necesitarás de 2 a 3 gramos de hoja seca por taza, tres veces al día.
Advertencia: el ginkgo es un anticoagulante natural. Si ya tomás aspirina, warfarina u otros anticoagulantes, consultá a tu médico antes. Puede potenciar el efecto y causar sangrados. Tampoco lo tomes antes de cirugías. Y dale tiempo: los beneficios cerebrales y cardíacos aparecen después de al menos 4 a 6 semanas de uso constante.
Mi profesor de botánica en la universidad, ya mayor, tomaba ginkgo todos los días. Tenía 78 años y una memoria más aguda que muchos de sus alumnos de 20. “El cerebro envejece”, decía. “Pero el ginkgo le recuerda que no tiene por qué hacerlo rápido”. El corazón también lo agradece. Dos órganos. Una planta. Millones de años de evolución. No la ignores. El ginkgo biloba está entre las tres plantas más importantes que puedes incorporar a tu vida. Tu cerebro y tu corazón te lo van a agradecer.