Los análisis consideraron diferencias demográficas, hábitos, condiciones metabólicas y variantes genéticas que podían influir tanto en el consumo de café como en la salud hepática.
Frente a quienes no bebían café, consumir cinco o más tazas diarias se asoció con un riesgo 32 % menor de desarrollar cirrosis.
En ese mismo grupo, el riesgo de cáncer hepático fue 47 % menor y la mortalidad relacionada con el hígado disminuyó 42 % durante el seguimiento.
Las resonancias revelaron señales dentro del hígado
En 28 961 participantes sometidos a resonancia magnética, un mayor consumo se relacionó con menos grasa, menor acumulación de hierro y menor fibroinflamación hepática.
Esta última medición reúne indicios de fibrosis e inflamación, dos procesos que acompañan el daño persistente y pueden favorecer el avance hacia enfermedades hepáticas graves.
Los investigadores también examinaron 44 633 perfiles proteómicos, capaces de medir simultáneamente numerosas proteínas y ofrecer una visión más profunda de la actividad biológica.
Los consumidores mostraron más proteínas asociadas con una función hepática saludable y menos marcadores vinculados con cicatrización del tejido, inflamación y activación de células inmunitarias.
Las asociaciones fueron parecidas con café cafeinado y descafeinado. También persistieron al añadir azúcar o edulcorantes, aunque estos aditivos mostraron indicadores ligeramente menos favorables.
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