El limón, por su parte, es conocido por su efecto refrescante y por ayudar a dar una sensación de limpieza profunda. Sin embargo, es un ingrediente delicado, especialmente cuando se usa en el rostro. Puede causar irritación, ardor o sensibilidad si se aplica en exceso o si la piel se expone al sol después de usarlo. Por esa razón, cualquier mezcla que contenga limón debe aplicarse preferiblemente de noche y retirarse muy bien con abundante agua.
El bicarbonato de sodio suele utilizarse como exfoliante suave, ya que ayuda a retirar células muertas de la superficie de la piel. Aun así, no debe usarse con frecuencia, porque puede resecar o alterar la barrera natural del rostro. Lo ideal es aplicarlo solo de manera ocasional y siempre observando cómo reacciona la piel.
Para preparar esta mascarilla, se puede mezclar una cucharadita de miel natural, unas pocas gotas de limón y una pizca pequeña de bicarbonato. Se aplica sobre el rostro limpio con movimientos suaves, evitando el contorno de los ojos y zonas sensibles. Déjala actuar de 5 a 8 minutos y luego retírala con agua fresca.
Antes de usarla, conviene hacer una prueba en una pequeña zona de la piel. Si aparece ardor, enrojecimiento o picazón, es mejor no aplicarla en el rostro. Para mantener una piel bonita, también es importante tomar agua, dormir bien, usar protector solar y llevar una alimentación equilibrada.