El ajo también contribuye a fortalecer las defensas del organismo, estimulando la producción de glóbulos blancos. En afecciones respiratorias como la bronquitis o los resfriados, puede ayudar a desinflamar las vías respiratorias y mejorar la respiración. Además, es eficaz contra infecciones fúngicas, incluyendo aquellas causadas por cándida, y puede utilizarse tanto de forma interna como externa para tratar problemas en la piel o mucosas.
Otro de sus beneficios es su impacto positivo en la salud digestiva, ya que favorece el equilibrio de la microbiota intestinal, inhibiendo bacterias dañinas y promoviendo el desarrollo de bacterias beneficiosas. Asimismo, puede ayudar a reducir infecciones bucales, combatir la gingivitis y mejorar el aliento. Su efecto antiinflamatorio general también resulta útil en casos de inflamación crónica o molestias musculares.
Para aprovechar sus propiedades, el ajo puede consumirse crudo, ya que esta es la forma más potente. Se recomienda machacar uno o dos dientes y dejarlos reposar unos minutos antes de ingerirlos, lo que permite activar la alicina. También puede prepararse en forma de infusión, ideal para aliviar afecciones respiratorias, o utilizarse en aceite de ajo para aplicaciones externas en la piel o el pecho.